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SÁNCHEZ MÚGICA
Jerez.
No han pasado ni dos semanas desde el trágico accidente en el sumidero de
Ramblazo (complejo de Las Motillas en Cortes de la Frontera), que costó la
vida al espeleólogo jerezano de 34 años Eduardo Freyre. En este corto
espacio de tiempo, la Federación Andaluza de Espeleólogos (FAE) sigue
manteniendo la "duda razonable" de que una atención médica dentro de la
cueva pudo haber cambiado el rumbo de los acontecimientos acaecidos el
pasado domingo 22 de mayo.
Esto hubiera sido posible si existiera un
convenio de colaboración en donde el Plan de Espeleosocorro Andaluz –con
profesionales coordinados y especialistas en este tipo de rescates en
cavidades– estuviera integrado en los sistemas de alerta del servicio de
emergencias sanitarias 112.
En este sentido, el Grupo de
Investigaciones Espeleológicas de Jerez (Giex) –al que pertenecía el joven
espeleólogo fallecido– exige que las Administraciones "cuenten con nuestros
técnicos ante rescates de este tipo, porque están entre los mejor preparados
del país".
Desde el Giex reconocen que, según la
certificación médica, el golpe craneal de Eduardo Freyre fue mortal. Aunque,
desde la FAE recalcan que "alguien que hubiera conocido a la perfección la
cueva y la posición exacta del sitio –las emergencias llegaron al lugar
cerca de dos horas más tarde– podría haber agilizado las labores de rescate,
el traslado se podría haber hecho con luz diurna, y por tanto en
helicóptero, el cual no estaba equipado para vuelo nocturno.
A cambio de eso, quedará la duda eterna de
por qué se invirtieron tantas horas en intervenir en una cavidad instalada
para rescates –se realizan en ella entrenamientos por parte de los
socorristas del Espeleosocorro Andaluz– con un desnivel de 80 metros.
Precisamente, a consecuencia de lo
anterior, el posterior traslado al Hospital de La Línea tuvo que realizarse
en ambulancia a través de un carril de 10 kilómetros, y luego por un gran
tramo de carretera local de montaña.
"El Espeleosocorro no fue avisado por el
112, y eso ha creado una gran indignación, porque hubo un tiempo en que sí
era operativo, pero nos lo quitaron de en medio. No sé si por ahorrarse
subvenciones", relata el veterano espeleólogo del Giex y arqueólogo
municipal, Antonio Santiago.
El dispositivo de Espeleosocorro Andaluz
cuenta con una planificación milimétrica y con un número importante de
socorristas especializados que se ubican en diferentes puntos estratégicos
de las provincias de Cádiz, Sevilla y Málaga.
No en vano, disponen de médicos
espeleólogos con, entre otros muchos avances, tecnologías de comunicación
entre los interiores de las cuevas y el exterior, "algo que también faltó en
el rescate de Eduardo", matiza el secretario del Giex, Luis Toro.
De lo que no hay ninguna duda es de que el
suceso en Las Motillas ha incrementado las, ya de por sí extremas, medidas
de seguridad de estos colectivos, así como ha propiciado que salten las
alarmas de todos los grupos espeleológicos, y en especial del Giex, ante
esta situación "que roza la negligencia", subraya Santiago.
Evidentemente, si la firma del convenio de
colaboración con las emergencias sanitarias andaluzas es, desde hace varios
años, la gran batalla que libra la FAE y se torna imprescindible para poder
seguir desarrollando estas prácticas, tras el desgraciado accidente, "vamos
a exigir con más fuerza que se nos escuche", sentencia de forma tajante.
"Aquí no se trata de ser héroes, sino de
salvar a compañeros". En este sentido, el Plan de Espeleosocorro es
"preventivo y va por delante de lo que pueda ocurrir", expone Toro, y añade
que "lo forman espeleólogos de una madera especial, lo hacen por amor al
arte, pero estudiando las posibilidades de rescate con detenimiento".
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